Aparece de repente, con esa bata horrible de franela que no se quita ni para ducharse, y que la hace parecerse cada día más a su madre. –¿Qué horas son éstas de volver a casa, eh?, ¿qué horas son éstas? –grazna, apuntándote a la nariz con una revista enrollada–. ¡Uf, cómo apestas a…!, ¡a…! Las […]

a través de Historias para no dormir — La hoguera de los libros

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